martes, 11 de marzo de 2008

Sólo serán cuatro gotas, ¡Ya verás!...


Primera entrega:

Los años fueron pasando y la gente siguió naciendo y naciendo y la tierra se fue poblando, tanto por la parte de Adán y Eva como por la parte de Set y desde luego por la parte de Caín y su misteriosa esposa.
Se fueron estableciendo por diferentes ciudades y pueblos, pero parece ser que la gente se había olvidado tantito de la dichosa “Cólera Divina” y que ya iba por ahí haciendo de las suyas, y como es de suponer, eso a Dios no le gustaba para nada porque… ¿Dónde había quedado el temor de Dios?..., parecía que ya nadie le tenía miedo ni que le hacían sacrificios, la tierra se había vuelto puro cachondeo y pasaban mucho de él.
Por lo tanto siempre muy misericordioso, justo y bondadoso, decidió que como nadie se acordaba de él se cargaría de un plumazo a cuanto bicho viviente hubiera sobre la faz de la tierra. Dios se volvería a quedar como al principio o sea con sus ángeles, pero eso si, con un universo vacío; pero él puede hacer lo que le de la gana por algo es el dueño del changarro.
Pero ya he dicho antes que era compasivo, ecuánime y bondadoso y no quería hacerlo sin antes haber encontrado un ser justo en la tierra, por lo tanto se puso a buscar con ahínco.
La cosa le costó un poco ya que aquello era la reostia, pues la parlanchina serpiente estaba haciendo estragos por la tierra, ¡pobre Dios, la humanidad entera le había dado la espalda!
Pero la búsqueda no fue en vano pues encontró a Noé, hijo de Lámec, descendiente este de Set, el tercer hijo de Adán y Eva; Noé era un hombre justo, íntegro y de entre toda la gente temeroso de Dios, por lo que se da a entender, que le debía ofrecer sacrificios y que le obedecía. Noé estaba casado y tenía tres hijos, Sem, Cam y Jafet y debido a la bondad de su corazón encontró la gracia a los ojos de Dios.
Y un día, Dios Nuestro Señor, se acercó a Noé y le habló de esta manera:
-“He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencia por culpa de los hombres. Voy a exterminar a todos ellos, junto con la tierra”.
No veáis el susto que se llevó Noé. Primero, porque no estaba acostumbrado a recibir visitas divinas, y segundo, porque ya me diréis a mí como se os quedaría el cuerpo si de repente viene Dios y os dice que va a exterminar la raza humana y a la tierra de paso.
¿Hincarse de rodillas?, ¿Pedir clemencia?, ¿Qué haríais en un caso así?, la verdad es que yo pensaría… Bueno si quiere exterminarnos como a simples cucarachas, ¿Por qué narices viene a contármelo a mi, si yo soy una de ellas?, además, ¿Qué tengo qué ver yo con todo esto?, me he estado portando bien, he cumplido con sus mandatos, le doy las más tiernas ovejas y las palomas más jugosas en sacrificio, ¿Porqué a mi, Señor, porqué?...y le imploraría con lágrimas en los ojos.
Pero parece ser que Dios tenía otros planes para él, así que continuó diciendo:
-“Construirás un arca con maderas resinosas y la dividirás en compartimentos, la calafatearás con pez por dentro y por fuera”.
Eso de calafatear con pez, no quiere decir que debía tomar un pez y hacer no se sabe que con él, no, calafatear quiere decir: impermeabilizar las junturas de la nave cerrándolas con algún material apto para eso, que en este caso sería la pez, un producto que se obtiene de mezclar agua fría y alquitrán.
Una vez aclarado este punto, continuemos con la historia que Dios se ha quedado hablando y no nos enteraremos.
En ese preciso momento Dios decía:
-“Estas serán sus dimensiones: ciento cincuenta metros de largo, veinticinco metros de ancho y quince metros de alto”.
-“Arriba harás un tragaluz a medio metro del remate, a un lado harás la puerta y dentro del arca harás tres pisos”.
-“Yo voy a enviar sobre la tierra un diluvio de aguas para destruir a todo ser viviente que hay bajo el cielo, todo lo que hay sobre la tierra morirá pero contigo en cambio estableceré un pacto”.
Como os podéis imaginar, Noé no entendía nada; el pobre además estaba tan asustado que ni se atrevía a preguntar, no fuera a perder la paciencia y se lo cargara a él también y en ese mismo instante. Escuchaba y escuchaba mientras asentía con la cabeza sin entender ni jota, además eso de hacer arcas debía de ser muy difícil y él era un pastor, que idea iba a tener él de calafateos y esas vainas.
¿Y si no flotaba esa cosa y si se hundía como una piedra, lo dejaría ahogarse o Dios lo salvaría por el esfuerzo hecho?, vamos, que el pobre estaba aturdido de tanta cosa y para postre no había podido tomar nota. ¿Cuántos metros de largo? estaba preguntándose Noé, cuando se dio cuenta de que el Señor seguía hablando, así que trató de concentrarse en lo que le estaba diciendo y no distraerse pensando en las medidas de la pinche barquita; cuando hubiera terminado el discurso y según el humor en que lo viera, le preguntaría sobre las medidas de la cosa en cuestión.
El Creador continuó hablando de esta manera:
-“Entrarás en el arca tu y tu mujer, tus hijos y las esposas de tus hijos. De todos los seres vivientes meterás contigo en el arca una pareja de cada especie, macho y hembra, para que sobrevivan contigo”.
“De cada especie de aves, reptiles, entrará contigo una pareja para salvaguardar la vida, y procúrate aquello que pueda servir de alimento a ti y a ellos”.
Si antes estaba preocupado por no haber anotado las medidas del arca, ahora lo estaba aún más, ¿Dónde se suponía que debía localizar a todos aquellos bichos?, ¿Cuánto tiempo tenía para construir semejante cosa, conseguir la comida y encima meter a los animales dentro y por si esto fuera poco, como se iba a financiar los viajecitos para encontrarlos?
Una vez que hubo terminado de hablar, Dios desapareció en su nube y el pobre se dirigió a su casa.
El hombre llegó a su humilde morada hecho un asco, arrastraba los pies y no tenía ánimos para nada, o sea, con una depresión de caballo, aquello no era justo, él había hecho siempre lo que Dios había dictado, había cumplido con sus mandatos.
Para Noé aquello era demasiado, él era un pobre hombre, ¿de dónde iba a sacar el dinero para la madera, los clavos, la pez y encima la comida para todo aquel montón de animales?, ya se veía flotando por encima de las aguas.
Porque claro, como es Dios solamente da las ordenes y de las cosas técnicas ya se encargarán los demás, ellos que se busquen la vida que para eso nos la dio.
El pobre pasó la noche del loro, en parte por la preocupación y en parte por el jolgorio que tenían montado en la ciudad, aunque a eso ya estaba más o menos acostumbrado; lo que lo tenía obsesionado era la orden del Señor y lo que debía meter en la barquita de las narices, así que dando vueltas en la cama le dio el alba y resignado se levantó dispuesto a construir a aquella cosa enorme que le habían encargado.
La verdad, no sabemos bien, bien como se lo montó, pero parece que consiguió hacer todas las cosas, porque sino no estaría escribiendo esta historia.
Una cosa hay que decir y es que vieron mundo, lo suyo les costó, ya se sabe que los viajes aunque sean de trabajo nunca son baratos pero todo sea por la gloria del Señor.
La captura de los animales, estuvo marcada por los problemas causados por las numerosas especies que componían la lista y por la peligrosidad de los bichos, sobre todo la caza de los leones y sus amigos los felinos, aunque claro está, tuvieron más de una anécdota divertida que contar cada vez que llegaban a casa.
Los canguros resultaron muy cómicos saltado por ahí como locos, también fue chistoso verlos en el Polo correteando a los pingüinos por el hielo y cayéndose cada dos por tres, aunque los cuatro pillaron un resfriado de mucho cuidado. Los elefantes pese a que se veían enormes y extraños con su larga trompa y sus desafiantes colmillos, con un poco de mano derecha no fue tan difícil hacerlos llegar donde estaban levantando aquel mamotreto.
Ni que decir tiene que la construcción del arca fue el espectáculo de la ciudad, ¿A quién se le ocurría ponerse a montar semejante artefacto en mitad de las montañas y a no se sabe cuantos Kilómetros del mar?, el pobre Noé fue el pitorreo de todo el mundo, pero él no tenía autorización Divina para ir por ahí explicándoles a esa pandilla de perdidos cuales eran los planes de Dios, claro que tampoco le hubieran creído, por lo tanto aguantó estoicamente el pitorreo que se traían los de la ciudad y alrededores y siguió edificando y recogiendo animalitos por esos mundos de Dios.
Un día cuando ya estaba a punto de recoger las herramientas para irse a su casa, Dios llegó en su nube de siempre y le dijo así.
-“Entra en el arca con toda tu familia, porque tu eres el único hombre justo que he encontrado en esta generación”.
-“De todos los animales puros toma siete parejas, machos y hembras y de los impuros sólo una pareja”
En ese momento, al pobre Noé el corazón le dio un vuelco, los ojos se le abrieron como platos y los pelos de la barba se le pusieron de punta, sólo le faltó añadir en voz alta…
-¡A ver, a ver que yo me entere bien! ¿No qué eran una pareja macho y hembra de cada especie, a qué viene ahora eso de siete parejas de puros y una de los impuros, de donde salió el resto ahora?
Pero Dios siguió hablando así:
-“De las aves del cielo, siete parejas de cada especie, con el fin de conservar la especie sobre la tierra”.
-“Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra por cuarenta días y cuarenta noches y exterminaré sobre ella todos los seres que he hecho”.
E inmediatamente salió disparado con su nube.
El pobre hombre no sabía que hacer, le había costado un chingo ir por esos mundos buscando animales y mientras se dirigía a su casa con los ojos arrasados por las lágrimas, iba cavilando de esta manera:
-Una pareja, dijo una pareja, ¿de dónde ha sacado ahora lo de las siete?, debe pensar que soy Superman o algo parecido y para acabarlo de arreglar, no sólo me manda a por más y se queda tan fresco, si no que me da siete días para meterlos a todos en el arca junto con la comida, aquí se va a formar un lío impresionante, de verdad., desde luego yo haré lo que pueda, pero lo de las siete parejas lo veo chungo, muy chungo. Podría haberme avisado antes si ha cambiado de opinión ¡Vamos, creo yo!, pero no, llega de repente, te suelta lo que tiene que decir, y ¡Hala!, se larga otra vez en la nubecita de marras y si tienes algo que decir ni tiempo te da para consultarle dudas; que sea lo que él quiera, yo haré lo que pueda, desde luego, no soy él.
Milagrosamente Noé consiguió todas las parejas que necesitaba, meterlos en el arca fue otra historia.
Así que mientras su esposa y las nueras iban metiendo la comida necesaria para semejante travesía, sus tres hijos y él se dedicaron a meter a los animales dentro del arca.
Aquello si que fue un lío descomunal, pues para empezar los felinos se querían comer a cualquier bicho viviente que veían, el agua para los hipopótamos junto con ellos claro está, fue otro problema pues tuvieron que construir piscinas para que se metieran dentro y desde luego otras para los cocodrilos, las jirafas, ¿Dónde pondrían a las jirafas?, ¿Cómo conservarían a los pingüinos fresquitos?
Los osos, los elefantes, los monos…, los monos eran historia aparte, no había manera de que se quedaran quietos, saltaban por todas partes, mordían a los que se les pusieran delante y les tiraban de los pelos, durante la travesía si se perdía algo, uno ya sabía donde ir a buscar, ¡Con los monos!
Las jaulas con las aves, por cierto, los pavos reales con sus enormes colas, disfrutaron de la exclusividad de tener una jaula para cada uno de ellos.
Los rinocerontes, las serpientes, en fin para que os voy a contar, menudas peripecias tuvieron que pasar aquella pobre gente para instalar a todo aquel zoológico dentro del arca, pero bueno, eso también se consiguió, así que al final del séptimo día y cuando ya empezaba a chispear, Noé y toda su familia se encontraban frente al arca satisfechos del deber cumplido y en espera de ordenes del alto mando, que no se hicieron esperar con el mandato de entrar y una vez dentro el Señor cerró las puertas tras ellos y...

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viernes, 7 de marzo de 2008

...Y se multiplicaron


Y así fue como de repente, nuestros primeros padres se encontraron en la calle y sin saber, ni donde estaban, ni que cuernos iban a hacer ahora para ganarse el pan del que les había hablado Dios.
Se lo montaron como pudieron, se construyeron una cabañita en algún lugar, supongo que muy cerca de algún río, dedicándose a la agricultura y a la ganadería, convirtiéndose de esta manera en los primeros agricultores y pastores de la humanidad.
Los pobres se lo curraron de lo lindo, pues como no tenían ni idea de lo que hacían y mucho menos nadie que le les enseñara, no daban pie con bola y metían la pata cada dos por tres.
A ellos los sacaron del Edén en un abrir y cerrar de ojos y los pusieron a ganarse la vida con lo que pudieran, pero uno no se puede poner a plantar rábanos, por ejemplo, de buenas a primeras sin pajolotera idea de lo que se está haciendo, así hasta que no le encontraron el truquillo a la cosa, se cargaron un montón de cosechas, pero poco a poco y a fuerza de errores fueron aprendiendo, llegando a conseguir un huertito que hasta árboles frutales tenía, donde por descontado no había un solo manzano.
También se hicieron con un respetable rebaño de ovejas y cabras que cubría sus necesidades de leche y queso, pues como recordareis la carne ni la probaban, es más, ni sabían que se podía comer.
Eso si, descubrieron que tenían la posibilidad de pasarlo bien de una manera muy sencilla; pues al poco tiempo, corría por allí un niño precioso.
Era el vivo retrato de su Madre, el pelo tan oscuro como la noche, y los ojos tan grandes como platos y negros como el carbón, lo querían mucho, como debe ser, y se desvivían por él.
Le pusieron por nombre Caín y llenó la pequeña casita de alegría.
Parece ser que le encontraron el gusto a aquella diversión pues al poco tiempo, Caín tuvo un hermanito con quien jugar, se llamaba Abel y, se parecía tanto a Adán como el mayor a su Madre, aunque tanto por la mirada y en la forma de reír, no podían negar que eran hermanos.
Parece ser, que Caín se sintió celoso de Abel, claro no me extraña, hasta que el pequeño llegó era el rey de la casa y al que se le daban todos los caprichos.
Pero los caracteres eran completamente diferentes, Caín, era reservado, rebelde y respondón, siempre estaba cuestionando las órdenes de sus progenitores, parece ser que eso no se debe hacer por muy absurdas que estas sean.
En cambio Abel era un muchacho dulce, tierno, obediente en todo momento; un portento de criatura, el hijo que todas las madres quisieran para ellas.
Con el tiempo, cada uno fue mostrando inclinación por las profesiones que iban a tomar en la vida.
A Abel se le daba de maravilla eso de ser pastor de ovejas, y se pasaba horas en las montañas mientras las dulces ovejitas pacían alegremente, entregado a la meditación, a la adoración y a la ofrenda de sacrificios a Dios, actividades estas; como ya dijimos anteriormente, que El Creador disfrutaba en grado sumo.
Sigo sin entenderlo, si Dios ya sabe que es Dios, el único, el más grande, el todopoderoso, el omnipresente, para que narices querrá que se lo estén recordando en todo momento, ¿será qué le gusta que le regalen los oídos?, ¿o a lo mejor si no se hace, se cabrea?, pero bueno, ya se sabe, es Dios.
Y claro, como al Señor le encantaban todas esas cosas, pues empezó a beneficiar a Abel en todo lo que hacía.
En cambio Caín era un desastre con las ovejas pues se aburría como una ostra en el monte sin hacer nada, él prefería la actividad en el huerto de la casa, mucho más movida, él trataba de darle al Señor lo mejor que tenía en el huerto, pero claro, las ofrendas de Abel le parecían mucho mejores al Señor que las de Caín, él si comía carne o al menos aspiraba el aroma de las barbacoas dedicadas en su honor.
Debido a su carácter reservado, el muchacho pasaba muy mucho de todo aquello y como ya estaba harto de que a su hermano le saliera todo bien, pues le ofrecía en sacrificio lo que encontraba por ahí en el huerto, sin importarle un pimiento la calidad de las ofrendas.
Dios, que se sentía halagado con aquellas muestras de adoración, respeto y temor por parte de Abel empezó a premiarlo en todo lo que hacía, así sus ovejitas eran las más gordas, el pasto que encontraba era el más jugoso.
En cambio al pobre Caín, por mucho que se esforzaba y trabajaba como un burro en el huerto familiar, como Dios rechazaba sus ofrendas, nada le salía bien; las patatas se llenaban de gusanos, las zanahorias no crecían y no colgaban frutos de sus árboles, un desastre.
Aquí hay algo que no entiendo, según estoy leyendo, Abel sacrificaba sus animales al Señor, y como esto le resultaba agradable, pues Dios lo favorecía; pero a Caín que lo hacía, al principio con mucho amor, el Señor no se sentía halagado por sus ofrendas y no le concedía los mismos dones que a su hermano, desde luego entiendo que este se sintiera defraudado y que empezara a brindar sus dádivas con desgana.
¿Por qué el Señor beneficiaba a Abel y a Caín no, favoritismos?
¿Dios, nuestro Padre, necesita que le andemos ofreciendo sacrificios o que lo estemos adorando, por qué sino no nos va a querer?, ¡Señores, por favor!
Como era de esperar, Caín, ya harto de todo aquello, en un ataque de envidia y celos tremendos, tomó la quijada de una oveja, muerta por supuesto y le arreó tal porrazo, que lo mató.
La nubecita y su propietario no se hicieron esperar y la voz que ya empezamos a conocer, y como si no supiera nada, le preguntó.
-¿Dónde está tu hermano, Caín?
Y el otro que se había convertido en un pasota total, le respondió:
-No lo se, ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?
Vuelvo a insistir, porque no puedo mantener mi bocota cerrada, que siempre se nos dice que Dios lo ve todo, con eso se nos tiene amenazados y coartados, pero… ¿Se nos está engañando y el Señor no se entera de nada y por eso pregunta, o insiste en su cinismo Divino?
Como os podéis imaginar, Dios lo echó inmediatamente del lugar que había manchado con la sangre de su hermano, diciéndole:
-“Aunque trabajes la tierra, esta no volverá a darte frutos, andarás por el mundo sin poder descansar jamás”.
Primero, con Adán, maldice la tierra para que cueste trabajarla y ahora le dice a Caín que aunque se deslome haciéndolo esta no le dará nada.
Realmente estoy sorprendida, maravillada, me estoy convenciendo de que se debe ser un asceta para poder tener gracia ante el Señor, aparte de estar adivinando todo el rato lo que le agrada y lo que no, porque como siempre, ni te avisa y luego, cuando algo pasa, carga contra ti con toda su divina fuerza; sigo opinando que no es justo, no lo es.
Entonces Caín le respondió al Señor:
-Yo no puedo soportar un castigo tan grande, me has echado de mi tierra y encima, me vas a hacer vagar lejos de tu presencia sin descansar jamás, además, en cuanto salga de aquí cualquiera que me encuentre me puede matar.
Esta es otra de las cosas que no entiendo, ¿uno puede estar lejos de la presencia de Dios, no que está en todas partes o será que cuando uno hace algo “malo”, el Señor lo registra inmediatamente en su librote, y deja de preocuparse por ti para toda la eternidad, o hasta que le pidas perdón, y él tenga a bien hacerlo?
Otro punto poco claro es el siguiente: ¿A quién se refiere Caín cuándo dice “cualquiera”, si he seguido bien lo qué Dios ha hecho hasta ahora, creo que sólo habían cuatro personas en el mundo?, bueno ahora tres, ¿entonces de dónde cuernos sale este “cualquiera”?
Es mejor que sigamos, porque ya se sabe, escrituras, designios e inspiraciones divinas, todos se pueden poner en el mismo paquete, el del clero.
Pero a Dios, que creo que ya se le había pasado el cabreo un poco o que por algún oscuro motivo sintió pena por él le dijo:
-“No te preocupes, pues si alguien te mata será castigado siete veces”.
Entonces, Dios le puso una señal a Caín, no se especifica que tipo de señal, pero parece que surtió efecto porque a Caín no lo mató nadie.
A no ser desde luego, que por el mundo hubiese un grupito, que apareciendo por generación espontánea, poblase otras regiones de la Tierra y que no se tuvieran noticias de ellos, no se quien narices iba a matarlo, pero bueno, así lo dijo, al menos así está escrito y así se cumplió.
El pobre Caín, tomó su petate y todos sus trastos, con lágrimas en los ojos y sintiéndose de la patada, se despidió de sus padres y se dispuso a recorrer esos mundos de Dios, convirtiéndose en el primer hom-less de la Historia.
Y dando vueltas y más vueltas, encontró la región de Nod, y que como no específica donde está, vete tú a saber donde queda.
Y aunque muy sorprendida, pero siempre siguiendo las Escrituras, es en esa región, donde se quedó a vivir con su esposa...
¿Para qué vamos a hablar, para qué sacar conclusiones, para qué gastar energía?, las Escrituras, son Sagradas, las ha escrito el hombre, “dictadas”, por supuesto por el Creador no olvidemos eso.
Así que en este preciso momento, es mejor que vuelva a quedarme callada, si es que puedo, claro y no empiece a preguntarme de donde narices sacó Caín a su esposa, porque ya estoy viendo como se va amontonando la leña y es posible que si digo todo lo que pienso de esto, esta leña, se convierta en mi pira funeraria, por lo tanto, no le daré más vueltas, y seguiré con este hermoso cuento.
Se nos sigue diciendo que, Caín, más tarde construyó una ciudad a la que le puso el nombre de su hijo, Henoc, el primero, claro, porque parece ser que tuvo un montón.
¡Ah!, se me olvidaba,nuestros primeros Padres quedaron desolados por la pérdida de sus dos hijos, pero eso no los arredró en su afán de agradar al Señor y a la edad de ciento treinta años Adán engendró a Set.
Este murió a la edad de novecientos treinta años, después de haber tenido claro está, más hijos, tanto varones como hembras.
De Eva, como es natural no dice nada,a partir del manzanicidio fuimos proscritas y por lo tanto, ni nombrarla.
Tampoco se nos dice de que murió nuestro amigo, pero… claro a esa edad, uno se puede morir de cualquier cosa. Así pues, Adán y Eva fueron nuestros primeros Padres y como os habréis podido dar cuenta, por la cantidad de gente que hay en nuestro planeta, cumplieron con ganas la orden del Señor: “Creced y multiplicaros”, porque teniendo en cuenta la experiencia con la manzanita de marras, ya me diréis quien es el guapo que desobedece a Dios, así que ¡Hala!, a multiplicarse, a multiplicarse, que para luego es tarde.
Lo que no me queda muy claro, y es que si no me he equivocado, o se me ha colado otro libro sin que yo me haya dado cuenta, sólo había una mujer, o sea Eva y por la experiencia que tengo, se necesita un hombre y una mujer para “multiplicarse”, ¿Si o no?, ¿Pues entonces?...
Aunque hay algo en mi cabeza, que no me atrevo a plantear, pues es un asunto que el clero considera como pecado, y además de los gordos, siendo un poco sagaces nos daremos cuenta de que aquí las cosas no cuadran y que yo sepa el incesto está penado, no sólo por el clero, sino incluso por la ley. ¿Quizás les otorgaron alguna de las famosas bulas?
Si, eso debe haber sido, porque si no, ¿Decidme de dónde habrán salido todas las mujeres necesarias para “multiplicarse” y además tanto?, a buen entendedor...

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lunes, 3 de marzo de 2008

SE ACABÓ EL CHOLLO 2


¡Y todo por un mordisco!

Eva lo despertó zarandeándolo de mala manera, pues sabía que cuando Adán dormía, nada lo despertaba, la verdad es que dormía como un tronco, y de los ronquidos mejor ni hablar, porque cuando llegaba la noche, bandadas de animales salían huyendo del lugar donde se encontraba la pareja, para buscar refugio lo más lejos posible de aquellos ruidos infernales, algún problema de vegetaciones o algo parecido, digo yo, cuidado, que no estoy diciendo que eso sea un defecto, pues todo lo que hace él es perfecto, todo.
A lo que íbamos, Adán abrió los ojos y se encontró con una Eva que lo miraba con ojos exaltados y no paraba de moverse.
-¡Adán, Adán!, acabó de hacer un descubrimiento extraordinario, le decía mientras saltaba entusiasmada delante de él-, deja que te cuente y tu también querrás hacer lo mismo que yo, ¡Ya verás!
Adán la miraba con ojos de sorpresa, primero porque no se había acabado de despertar del todo y, segundo por que en todo el tiempo que llevaban juntos nunca había visto a su mujer de aquella manera, el hombre se incorporó y se apoyó en el tronco del árbol dispuesto a escuchar eso tan maravilloso que había encontrado su mujer.
-Mira, deja que te cuente, mientras tú dormías me fui a buscar fresas y de repente se me aparece la más extraña de las serpientes que he visto en mi vida.
Y en un periquete le contó todo lo sucedido con el animalito.
-Mira he traído una y no ha pasado nada de nada, seguro que ni cuenta se ha dado, ¡Venga, vamos a echarle un bocado cada uno!
Adán la miraba cada vez más sorprendido echando miradas desconfiadas en dirección a la manzana que Eva llevaba en la mano, pero sin perder de vista el cielo.
-Eva, si Dios ha dicho que no la comamos será por algo, ¿No crees?, no se, no se, mira lo mejor es que dejemos el asunto del fruto, que le demos tiempo, esperemos hasta mañana, creo que hasta le podríamos consultar a él sobre esa serpiente, mientras tanto, si Dios aparece de repente lo único que nos puede echar en cara es de haber cogido la fruta, bueno a ti, porque yo dormía, seguro que a mi no me dice nada.
¡Ya estamos!, el manejo de las responsabilidades, siempre han tenido problemas con eso, en lugar de decir nosotros, dicen tu o ellos y rápidamente se quitan el muerto de encima.
Aunque de todas maneras y pensándolo bien, esta vez tenía razón, fue Eva la que tomó la fruta del árbol, pero ya sabemos porque razón y bajo los engaños de quien.
Así que tomaron las pieles que usaban para cubrirse por las noches y se dispusieron a dormir tranquilamente hasta la mañana, eso es lo que él pensaba, porque Eva estaba tan excitada y sorprendida por lo que le había contado aquel reptil que no podía pegar ojo.
Al rato y después de haber dado mil vueltas en el montón de hojas secas, se incorporó y acercándose a Adán le susurró en el oído.
-Adán, cariño, no puedo dormir pensando en lo que me ha dicho la serpiente.
Claro, la pobre, no tenía ni idea de lo que había pasado milenios atrás entre Dios y el Diablo y seguía tan inocente como antes.
La madrugada los encontró despiertos con la manzana en la mano y sin saber que hacer, por fin Eva dijo con aire decidido:
-Está bien, yo la probaré si me pasa algo tu no la toques y ya verás que le dices al Señor, pero si no me pasa nada, entonces, tu también tendrás que comer de ella, ¿Estamos de acuerdo?
Adán no estaba muy convencido pero finalmente y con un profundo suspiro, convino en la idea que su mujer había tenido y decidió que le daría el dichoso mordisco.
Y ahí los tenemos, debajo de un frondoso árbol; del cual no se especifica su especie, dispuestos a dar sendos mordiscos en aquella hermosa manzana.
A mi personalmente, eso de que las Damas primero, pues veréis, según en que ocasiones me gusta mucho: Las puertas, los asientos…, bueno esas cosas en los que tu Ego se pone de un ufano y contento que no cabe en sí de gozo, ¡Vamos, que da gusto verlo!
Pero Señores míos, en este momento y sabiendo lo que se, en este caso precisamente, hubiera preferido que Adán lo hubiera hecho primero.
¿Estaba enamorado de tremenda beldad, era valiente, era de fiar?, pues de eso habría mucho que hablar, porque ni se inmutó cuando vio que aquella osada criatura se llevaba la manzana a la boca y le dio un mordisco con un valor que muchos envidiarían, acto seguido se la tendió a él que la tomó y acercándosela a la boca con recelo repitió lo que su mujer acababa de hacer.
En ese mismo instante, Señores míos, el cielo se abrió y apareció Dios en su nube; para mi que ya estaba allí y sólo esperaba que aquel pobre hombre diera el mordisco para aparecer.
Ellos, al ver que el Creador se aproximaba se escondieron, pues en ese instante se dieron cuenta que estaba desnudos; seguro que por allí habría alguna parra, pues Adán se colocó una hoja, para cubrirse los cataplines; Eva también hizo lo que pudo y con una mano se tapó el aquellito, mientras que su frondosa y larga melena cubría el resto de su cuerpo.
En ese momento Dios llamó al hombre y con voz atronadora le dijo:
¿Es siempre la misma voz?, ¡Qué sobresaltos!, cada vez que se digna a hablar se ponen a temblar las paredes.
Bueno, estábamos en que Dios empezó a hablar y dijo de esta manera:
-¿Dónde estás?
Y Adán contestó:
-Escuché que habías venido y me he escondido porque estoy desnudo.
Entonces Dios le preguntó, yo creo que hasta un tono de ironía había en su voz:
-¿Y quien te ha dicho qué estás desnudo ¿Acaso has comido del fruto del árbol que te dije que no comieras?
El hombre contestó:
-La mujer que me diste por compañera me dio de este fruto, y yo lo comí.
Ya veis, el manejo de las responsabilidades, siempre es lo mismo, “la mujer que me disteis”, “ella me dio a comer”, ¿Qué no sabe pensar solo, le pusieron una pistola en la cabeza?, la culpa siempre de los demás, siempre.
Entonces Dios le preguntó a la mujer:
-¿Y porqué lo hiciste?
Y ella respondió:
-La serpiente me engaño y por eso comí del fruto.
Y dirigiéndose a la serpiente Dios le dijo:
-“Por esto que has hecho, maldita serás entre todos los demás animales. De hoy en adelante, caminarás arrastrándote y comerás tierra.
¿Qué no se arrastraba antes, las serpientes comen tierra, desde cuándo?, seguro que se está confundiendo con las lombrices, ellas si que comen tierra, las serpientes no.
-“Haré que tú y la mujer seáis enemigas, lo mismo que tu descendencia y su casta. Su estirpe te aplastará la cabeza, y tu le morderás el talón”.
¡Toma ya!, ¿Y qué culpa tienen las pobres serpientes, si esta desgraciada fue tomada por asalto y su personalidad fue usurpada por el demonio?, ya veis, no se salva nadie, espero poder seguir con esto pues por lo que veo aquí ni el guionista se va a salvar.
Y hablándole a la mujer le dijo:
-“Aumentaré tus dolores cuando tengas tus hijos y con dolor los parirás. Pero tu deseo te llevará a tu marido y él tendrá autoridad sobre ti”.
Esa última frase es la que nos fastidió de por vida, decididamente, somos unas pecadoras lujuriosas sin remedio, ¡A la hoguera con nosotras!
Y claro, siguió con las maldiciones, pues al hombre aún no le había tocado y le dijo:
-“Como le hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo la harás producir tu alimento durante toda tu vida. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás”
Por eso no nos hacen ni el más mínimo caso, por eso y yo que pensé que simplemente no nos escuchan por que su cerebro no daba para más y sólo pueden hacer una cosa a la vez, ahora resulta que es porque Dios les dijo desde el inicio de los tiempos que no debían hacerlo, ya ves, era así de fácil.
Y analizando esa frase un poco más, me doy cuenta de que en ese momento es cuando se inicia la manipulación por medio de la culpa, pues hasta la tierra maldijo por culpa de haber escuchado a esa arpía, razón tienen de tenernos tanta manía, razón.
Y aún añadió:
-“El ser humano ha llegado ha ser como uno de nosotros”.
No, no os asustéis, sólo hay uno pero él acostumbra a hablar en tercera persona, locuras de los todopoderosos, hay uno que siempre va de blanco que también lo hace y no digo nombres, que luego todo se sabe….
Y prosiguió de esta manera.
-“Pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que tome también el fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre”
E inmediatamente y como aquel que no quiere la cosa, abandonó el lugar y aquellos pobres se encontraron de repente en un páramo yermo y seco, además vestidos con unas pieles de quien sabe que animal.
Y para asegurarse de que nadie volviera a entrar nunca más en el Edén, puso a dos ángeles con sendas espadas flamígeras a sus puertas y desde entonces ni el lugar se ha encontrado, y mucho menos a los ángeles; para mi que se les apagaron las espadas y aburridos de estar ahí se largaron, porque creo yo, que dos ángeles de esta guisa, como que llamarían la atención y ningún aguerrido explorador ha dado noticias de su hallazgo y mucho menos “Google Earth”
Por sus palabras, también se deja entrever que la serpiente no andaba muy equivocada, eso de que “querrán ser inmortales también”, como que huele un poco a chamusquina, desde luego, no son las palabras más acertadas para un ser que se supone todo amor y bondad.
Pero de todas maneras, menudo cabreo por una manzana, ¡Ya me diréis!
¡Hombre!, se equivocaron, no tenían experiencia en sembradores de cizaña, hay que tener en cuenta que eran los primeros, ¿no qué su bondad es infinita?
Mirad, yo creo que si Dios les hubiera hablado claro llamando las cosas por su nombre, que hubiera sido sincero con ellos, si hubiera puesto las cartas sobre la mesa, esto no hubiera pasado.
Si el Señor, en lugar de hacer tanta publicidad sobre el libre albedrío y de que los había hecho a su imagen y semejanza, hubiese llegado diciendo:
-Escuchadme bien, os he montado en este jardincito que como podéis ver es de cinco estrellas, os doy todo lo que veis aquí pero ni se os ocurra tocar estos dos árboles, porque si lo hacéis este chollo se os acabará, agarraré un cabreo de narices y entonces sabréis con quien estáis hablando, si es que no os habéis enterado ya. Si se os ocurre siquiera acercaros a uno de ellos, os voy a poner de patitas en la calle y olvidaros para siempre de todo esto que veis aquí, no soporto que me desobedezcan y eso de que mi paciencia es infinita, eso, mejor ni intentéis averiguarlo.
Hombre, si hubiera empezado por ahí y luego Eva hubiera venido con su pendejada de lo mona que era la serpiente y la manzanita de marras, pues entonces yo misma aplaudiría la decisión, pero así, como que no.
Los mantiene en la ignorancia, les ofrece una cara amable, y luego ¡Zas!, carga contra ellos con todo lo que tiene, hasta me lo puedo imaginar con una sonrisa maliciosa, en el momento en que Eva tomaba la manzana.
Señores, esto huele a cinismo, a puro y simple cinismo, al menos la serpiente sabemos a lo que iba, pero se supone que Dios es nuestro Padre; el mío sin ir más lejos, me daba la oportunidad de equivocarme, y no sólo una vez…
¿Condenarlos a todas esas cosas por una simple manzana?, no quiero ni pensar que hubiera pasado si hubiera sido un melón.
Y puestos a pensar en frío, si él quería castigarlos, pues bueno, que los castigara, pero lo jodido de toda esta historia es que este error se convirtió en el pecado original y desde entonces, todos sus descendientes lo llevamos arrastrando, y eso y que Dios me perdone, no es justo, porque ni yo, ni todos los seres de la humanidad estábamos allí, así que, no tenemos nada que ver en este “manzanicidio”, pero vuelvo otra vez a lo mismo de antes, los designios de Dios, sólo los conoce el clero…
Y bueno, que vamos a hacer, ahora tenemos a Dios con un cabreo de no te menees y aquellos dos pobres desgraciados, que como ya habéis leído, destinados a trabajar hasta la muerte y nosotros de paso, pues también.
¿Y la serpiente?..., pues la serpiente no tengo ni idea, me dan un miedo terrible.

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jueves, 28 de febrero de 2008

SE ACABÓ EL CHOLLO



El simpático animalito:


Adán y Eva, vivían felices en aquel lugar de ensueño, hacían cuanto les venía en gana y la vida discurría feliz y tranquila, eso si, no se acercaban al manzano ni locos pues estos eran temerosos de Dios.
Debe ser porque ver a Dios serio impone, así que al manzano ni arrimarse, que uno nunca sabe que puede pasar.
Un día en que Adán se había quedado haciendo el vago tumbado a la bartola debajo de un árbol, Eva, decidió dar un paseo por la zona para ver si veía algunas fresas, pues le gustaban un montón.
Como andaba despistada mirando por aquí y por allí, no se dio cuenta de que se le había acercado un animal y como este no hacía ruido Eva ni se enteró, el animal en cuestión era una serpiente que llegó con cara, digamos maliciosa, produciendo un ligero siseo cada vez que metía y sacaba la lengua.
Eva no se sorprendió, estaba acostumbrada a que los animales se acercaran a ella y tomando el siseo por un piropo le sonrió picarona y creo que hasta se sonrojó.
La serpiente, entre siseos, le preguntó:
-¿A dónde vas Caperucita?-, ¡Uy!, perdón eso es de otro cuento, lo siento, sigo, sigo con la serpiente.
A ver volvamos a empezar…
-¿A dónde vas Eva?
Y ella, muy desenfadada y totalmente despreocupada le dijo así:
-Pues verás serpiente, las fresas me gustan mucho y aprovechando que Adán duerme, he decido ir a ver si encuentro algunas.
- ¿Y qué otra clase de frutas te gustan de las que hay en el Edén?- volvió a interpelar la serpiente, satisfecha al darse cuenta que la estaba llevando al punto donde ella quería llegar.
Eva, un ser inocente y sin maldad; no la conocía, allí sólo había amor, paz, felicidad, así que no pilló la segunda intención de la serpiente y respondió ingenuamente:
-Pues verás, me gustan todas, algunas más y otras menos, pero si, me gustan todas.
-¿Y las has probado todas?-, volvió a preguntar con aire inocente la serpiente.
Eva siguió con su candor acostumbrado y le respondió:
-¡Oh, si!, bueno en realidad no, todas no, hay una que no hemos probado Dios nos dijo que no lo hiciéramos, así que hemos obedecido y ni nos hemos acercado al árbol.
-¿Y se puede saber porqué Dios os ha prohibido que comáis de esa fruta en particular, quizás no tendrá buen sabor?
Insisto en este punto, Eva no tenía ni idea de lo que estaba pasando, ni conocía de ironía, ni de sarcasmo y mucho menos de segundas intenciones, hasta ese momento nunca se había encontrado en una situación así, por lo tanto Eva contestaba con total honradez a las preguntas de la serpiente, lo digo porque luego las cosas se complican y uno termina cargando culpas para la eternidad.
Sigamos pues con el relato.
-Bueno, -dijo Eva-, Él nos explicó que ese árbol era el árbol de la ciencia del bien y del mal y que si comíamos de él moriríamos, no sabemos muy bien lo que quiso decir con eso de morir pero por la cara que puso, la cosa debe ser muy mala.
¿Lo veis?, os lo dije, me lo imaginaba, no tenían ni idea de lo que Dios estaba hablando y luego pasa lo que pasa, la bendita desinformación, ya decía yo que la cosa no debía estar muy clara para ellos.
Pero mejor continuemos con lo que nos compete, que las cosas del Clero son complicadas y oscuras, y ya se sabe que en asuntos del Señor ellos llevan la voz cantate, no es mi intención contradecir en esta Historia lo que ellos llevan siglos escribiendo y cambiando cuando les llega la inspiración divina.
-¿Sabes algo mi querida amiga?,- siguió diciendo la serpiente-, yo no creo que ese árbol sea tan dañino como dice el Señor.
Eva lo miró con los ojos bien abiertos, no entendía como aquella criatura del Señor podía decir aquello, mientras que la serpiente, que ya os habréis imaginado quien era, continuó con la arenga difamatoria pues ya sabéis se la tenía jurada al Señor.
Así que la culebra se las arregló para llevar a Eva delante del hermoso manzano constantemente cargado de frutos y le dijo:
-Verás, lo que pasa es que si coméis de los frutos de este árbol os volveréis igual que él, tendréis los mismos conocimientos, sabiduría y poder que él y como comprenderás eso no le interesa, pues si coméis de él ya no será el único con esos poderes en este mundo que ha creado, dejando de ser el Dios todopoderoso, que es lo único que quiere ser.
-Por esa razón os ha estado engañando diciendo que moriríais, de esta manera se aseguró de que no lo ibais a tocar, pero nada de eso os pasará absolutamente nada, créeme por que yo conozco sus subterfugios y lo que se trae entre manos.
Eva lo miraba perpleja, no podía creer lo que estaba oyendo, la serpiente le estaba pidiendo mucho, demasiado para lo que ella estaba acostumbrada, primero que desconfiara de Dios y en segundo lugar, que pensara por si sola, que tuviera criterio propio y eso amigos no lo había hecho nunca, ¿Cómo lo iba a hacer, si lo tenía todo hecho?
Porque, que nosotros sepamos ninguno de los dos había tenido que buscarse la vida en el jardín del Edén, hasta ese momento lo único que habían tenido que decidir era bajo que árbol iban a dormir, o que frutas se iban a comer ese día en la comida.
Además ella ignoraba lo que Dios sabía de nuestro “arrastrado” amigo, y no tenía porque desconfiar de aquella serpiente que estaba resultando la mar de simpática, ¿Por qué, cuántos animales habían en aquel lugar que pudieran hablar?, ella no había visto ninguno.
Así que cayó de cuatro patas en la trampa y al decirle la serpiente que no tuviera miedo, que nada iba a pasar, Eva alargó la mano tomó una manzana y la sostuvo entre ellas mientras la miraba detalladamente.
Al principio pensó que se abriría el cielo y aparecería Dios para cumplir su amenaza entre rayos y truenos, pero al ver que el cielo seguía en su lugar y que no había ni rastro de los famosos rayos, confiada se dirigió rápidamente hacia donde Adán dormía placidamente, sin saber lo que se le venía encima.

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domingo, 24 de febrero de 2008

EL GENESIS


De como Dios creó al hombre...

Dejamos a Dios reflexionando sobre cual sería su siguiente paso en esto de la creación, pues pensaba que a ese precioso lugar le faltaba algo y parece ser que encontró la solución, ya que rápidamente se levantó de su sillón y se puso manos a la obra.
Y precisamente es en ese momento donde yo creo que lo fastidió, pienso que debería haber inventado la semana de cuarenta y cuatro horas y haberse ido a descansar después de crear a los animales.
Pongamos atención pues en lo que se dispuso a hacer el Señor y vayamos entrando en materia que esto se pone bueno.
Dios, en su infinita sabiduría pensó que era un desperdicio de energía haber creado semejante cosa, el mundo, y que nadie disfrutase de él.
Así que ni corto ni perezoso se puso manos a la obra, se remangó la túnica y convirtiéndose en el primer alfarero de la Historia, de un montón de barro, creó al hombre.
Yo aquí tengo algunas preguntas que hacer: ¿La pieza de barro que se convirtió en hombre estaba bien seca cuando la metió al horno?, es más, ¿la metió en el horno, estaba este a la temperatura indicada?
Y según dicen, una vez terminada la obra en cuestión de un soplido en la nariz le infundió vida, creándolo a su imagen y semejanza ¡Qué cosas! ¿Verdad?, acto seguido dio la orden a todos los animales de la creación para que se sometieran a él.
Entonces el Señor, muy consciente de que aquella criatura debía tener un lugar apropiado para vivir, y aprovechando dos ríos que había allí, situó el más bello de los jardines con los mejores especimenes de la flora entre ellos, colocando en medio del vergel el árbol de la vida y el árbol del bien y del mal, poniendo al hombre, al que llamó Adán, en medio de aquel esplendoroso lugar.
Después tomó a cada uno de los animales que había creado y los fue colocando uno a uno delante de él para que les diera nombre, así que el pobre tipo nada más aparecer en el mundo tuvo que poner su imaginación a trabajar y nombrar a un chingo de bestias, que según dicen las escrituras son los mismos que llevan ahora, así que su cerebro al menos para nombrar cosas funcionaba.
Luego, los reunió a todos ellos y les dijo que les dejaba el lugar y que vivieran allí en paz y armonía, dejando a Adán como dueño y señor del lugar al que llamó Edén y que a todos ellos, repito, a todos ellos, les dejaba como alimento las plantas, frutos y semillas que allí se encontraban, o sea, vegetarianos.
Y aquí tenemos al primer hombre dando vueltas por el Edén y maravillándose de todo cuanto veía, pero el pobre estaba más sólo que la una y de eso Dios se percató inmediatamente.
Así que muy inteligentemente pensó: -No es bueno que el hombre esté solo-, y paseándose arriba y abajo se puso a buscar una solución al problema.
Hagamos un inciso en este punto pues creo que vale la pena; para mí y creo que para muchas o todas las personas de mi género e incluso del otro, que también las hay, desde luego, es precisamente en ese instante cuando Dios realmente materializó la más grande obra de su creación, es más, creo que con el lío del barro lo único que hizo fue un simple ensayo y que el verdadero trabajo, el más perfecto de todos, fue lo que se le ocurrió en esos momentos; por descontado cada uno es libre de pensar lo que le de la gana, la libertad de pensamiento es mi lema.
Ahora volvamos al relato, decía que Dios estaba investigando como resolver la soledad de Adán, pero no pasó mucho tiempo pues interrumpiendo su ir y venir exclamó:
-¡Ya se!, crearé una pareja para él, ¿pero cómo lo haré?-, pues ya estaba algo aburrido de hacer surgir cosas de la nada, y lo del barro como que lo había encontrado un poco sucio.
Y dándole vueltas al asunto se le encendió el foquito, fue algo bien raro; pero los designios de Dios son suyos y sus ideas de lo más extrañas porque esta fue bastante exótica, pero vuelvo a repetir, son propósitos divinos.
Puso a dormir, apoyado en un árbol, a nuestro amigo que andaba por el Paraíso cabizbajo y compungido y, de una costilla que sacó de no se cual de los dos lados, creó al ser más bello que os podáis imaginar, creó a la mujer y no lo digo porque fuera una mujer, no, que va, la verdad, y siendo honesta, tenía todo muy bien puesto y en su lugar, ¡estaba buenísima!
Una melena frondosa y larguísima de cabello negro como la noche cubría la espalda en su totalidad, labios rojos y carnosos y unos inmensos ojos negros adornaban su cara, cintura de avispa, larguísimas piernas, senos altivos y un trasero redondito y levantado, en fin, que si los cirujanos plásticos hubieran existido se hubieran muerto de hambre con ella para que voy a mentir, ¡una belleza!
El hombre fue despertado por Dios dándole unos ligeros golpecitos en el hombro e ilusionado esperó la reacción del susodicho, no se quería perder la cara del tipo.
El durmiente, claro está, abrió los ojos que al ver a semejante criatura se le abrieron como platos e inmediatamente empezó a babear.
En ese momento y con voz profunda, Dios se dirigió a ellos de la siguiente manera, más o menos así.
-Adán, compañera te doy, Eva, y todo cuanto veis a vuestro alrededor lo he creado para vosotros, gozad de él pues ese es mi deseo, creced y multiplicaros poblad la tierra, os doy libre albedrío para que hagáis lo que os complazca; de eso, habría mucho que hablar.
-Pero…, - siempre los benditos peros -, hay algo en el Paraíso,- continuó diciendo-, que no debéis tocar.
Y con gesto amable, los acompañó hasta un árbol que más tarde y no se porque motivo, acabó llamándose manzano y no veáis el follón que se organizó con el bendito manzano.
Prosigamos, el árbol en cuestión, estaba cargadito de frutos; no creo que haya necesidad que os describa como eran estos al fin y al cabo eran unas simples manzanas, eso si, grandes, muy rojas y brillantes.
-Este,- siguió diciendo el Señor,- es el árbol de la ciencia del bien y del mal, y si coméis de él moriréis.
Y es aquí donde otra pregunta empieza a rondar por mi cabeza:
¿Sabían, Adán y Eva qué era eso de morirse?, porque en realidad ellos no habían nacido y encima eran los primeros seres de la humanidad, y claro, la desinformación hay que tenerla en cuenta, de paso y ya que estamos con las preguntas la siguiente la dejo a consideración del lector: ¿Adán y Eva tenían ombligo?, porque si no habían nacido, ya me diréis, ¿Y si lo tenían, era sólo un adorno?, y esta otra, ¿La manzana en cuestión estaba envenenada como la de la bruja de la Blancanieves?
A todas estas, la noche del sábado ya estaba muy avanzada y Dios cansado, pues se lo había currado de lo lindo, crear todo cuanto conocemos y lo que no conocemos aún en sólo seis días tenía, por fuerza, que haberlo dejado totalmente extenuado y el pobre, aunque no es viejo porque es atemporal tampoco es un chavalito.
Por lo tanto le dio un repaso a su creación por si veía algunos defectos que a lo mejor podría solventar “in situ”, pero todo lo que vio le agradó y se sintió muy satisfecho con su obra; me gustaría saber que piensa en estos momentos de lo que hemos hecho con lo que nos dejó.
Así que el Señor después de largarles el rollo del libre albedrío y de muy buen humor se fue a su nube, después de todo desde allí la vista que tiene del Universo es privilegiada y cualquier desperfecto que pudiera ocurrir en su creación la podría solventar en un abrir y cerrar de ojos, por algo es Dios y todopoderoso, dedicando el día siguiente al descanso, desde entonces quedó el séptimo día de la semana instaurado como el día del Señor para glorificarlo y alabarlo, cosa que como veremos más adelante le encanta.
Después de esta aclaración sobre el descanso divino, volvamos a aquellas dos criaturas que se quedaron en el jardín del Edén a disfrutar de todo cuanto Dios les había entregado, sin tener que preocuparse absolutamente de nada, un verdadero chollo, ¿No creéis?
Y claro, con todos esos regalos, no tuvieron otro remedio que vivir felices, aunque sin comer perdices.
No creáis que la historia termina aquí, continua, pero eso amigos será en otra ocasión, pues por hoy, este cuento se acabo.

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miércoles, 20 de febrero de 2008

EL GENESIS


Dios hizo el mundo en seis días. Hasta el momento nadie se ha podido explicar a qué venía tanta prisa.

De como Dios se puso en faena...

Hace muchos, pero muchos años, es más, hace tanto que ni se sabe cuanto, Dios, decidió que ya era hora que dejase de contemplarse en su infinita Gloria, y se lanzó a crear todo lo que nos rodea, y cuando digo todo, me refiero a eso, a todo, quizás lo hizo porque no tenía nada mejor que hacer y se aburría o porque simplemente así lo quiso.
Dicen por ahí, cosa que yo no aseguraría con tanta vehemencia, que Dios, creó el universo en siete días.
De esos siete días, trabajó sólo seis, pues según nos cuentan, el séptimo lo dedicó al descanso, imaginaros, crear un universo entero ha de ser un esfuerzo impresionante y tuvo que dedicarse a ese cometido con total entrega, por lo tanto, el descanso del séptimo día se lo tenía más que merecido.
Eso si, las cosas como sean, en logística y organización se merece una nota altísima, pero estamos hablando de Dios y no de cualquier chapuzas de esos que andan por ahí, así que no se esperaría menos de él.
Para empezar, creó el cielo y la tierra, pero la cosa estaba muy oscura y el pobre no veía ni donde estaba, así que, separó la luz de las tinieblas, trabajar a ese ritmo y a oscuras ha de ser un follón de mucho cuidado, y claro, con luz, las cosas cambian y uno ya sabe donde debe ir colocándolo todo, bueno, al menos eso creo yo, porque tratándose de Dios uno nunca sabe.
Cuentan que una vez terminado el trabajo y mientras descansaba, contempló la obra realizada y lo que vio le agradó.
El segundo día, el martes, creó el firmamento y así tuvimos la mañana y la tarde, esto está un poco confuso aquí.
¿Cuándo se refiere al firmamento se refiere también a qué creó los astros, estrellas, galaxias y demás cosas que componen el Universo?, porque para que la luz existiera se supone que ya teníamos un Sol y que estábamos girando como locos a su alrededor, ahí la historia no es muy clara que digamos y es por eso que las dudas me asaltan.
El tercer día, o sea, el miércoles, la cosa ya estuvo un poco más movidita, y se dedicó a separar la tierra de las aguas, antes debería ser un jaleo, todo junto en el mismo lugar y además un lodazal, definitivamente trabajar así es muy sucio.
Y así lo hizo y muy acertadamente, pues claro estamos hablando de Dios. Y llamó “tierra” a la tierra y “mar” al conjunto de las aguas; lo de los ríos y lagos, parece ser que no fue cosa de él, bueno, al menos no se especifica nada sobre eso, pero ese día siguió creando, no se quedó ahí la cosa, parece ser que le estaba gustando y le había encontrado el gustillo a eso de la creación, o es que a lo mejor se había dado cuenta que andaba corto de tiempo, no se, de eso tampoco dicen nada las “Escrituras”.
Sin embargo aquello era un erial, un campo seco y yermo, así que pensó, que ahí hacía falta un poco de verde, algo que le diera vidilla y pusiera una nota de color y se puso a decorar con ganas todo lo que veía. Colocó plantas por todas partes, creó árboles de todas las especies, la hierba, arbustos, matas y ¿Porqué no? de paso y ya qué estaba animado, hasta las “malas” hierbas.
De esta manera y en un sólo día llenó la tierra de vegetación, ¡Vaya, qué se lo curró!, menudo trajín ese día.
De las noches y los días, sigue sin hablarse en las susodichas “Escrituras”, así que continuamos sólo con la luz y las tinieblas.
Lo de los astros llegó el jueves, ya me extrañaba a mí que estuviéramos tanto tiempo sin astros, por lo tanto, es ese día cuando de repente aparecen la noche y el día, antes, sólo había luz y tinieblas, y es que por muy Dios que fuera, tenía que ir por partes, aunque en este caso, el orden anda un poco revuelto y yo no lo hubiese hecho así, ¿Por qué no crear todo lo que hay en el firmamento de una vez?, pero bueno, los designios de Dios son divinos y sólo él sabe porque y cómo hace las cosas, no me pondré a discutir con él, desde luego.
De esta manera, pensó, crearé las semanas y con ellas los días festivos y los laborables, demasiados en mi opinión, y así se crearon automáticamente los años y en ellos incluyendo también los meses.
Ahora me asalta la duda sobre el calendario Gregoriano, ¿Cómo se nos puede ocurrir cambiar algo que supuestamente era perfecto?, ¿Fue Dios el qué tuvo un error de cálculo, o es que a los hombres nos dio por saltarnos a la torera lo que él tan sabiamente había creado?; pero eso, vuelve a ser mi humilde opinión, desde luego, Dios me libre de meterme con la Teología y el Clero.
Volviendo de nuevo a las “Escrituras”, parece ser que Dios pensó o dijo, eso no está muy claro, que los astros serían lámparas que iluminarían la noche, como podéis ver, El Creador, pensó en todo, hasta procuró que no fuéramos por ahí dándonos porrazos en las espinillas; y es que Dios es mucho Dios de eso no hay duda.
Señores ya estamos a viernes, y el mundo tenía de todo, mares, tierras, astros, lámparas en el techo, día, noche, días de fiesta, árboles, meses, en fin, de todo, y además todo ello decorado con millones de flores de todos los colores, que desde luego también había creado, así, como quien no quiere la cosa, en definitiva, era verdaderamente hermoso, ¡El paraíso!
Pero…, el changarro estaba vacío, no había ni Dios en él, bueno, él si estaba y además en plena faena y como podéis ver cada vez más animado, así que sin pensarlo dos veces, decidió que debía crear algo que se moviera y que animase el cotarro, no se si me explico.
Y con la mano derecha en el bolsillo, creó a los animales.
Según nos han dicho el Viernes se dedicó solamente a los mares y a los cielos, creando de esta manera los peces y las aves, llenándolos a rebosar de todo bicho viviente que volase o nadase, y les dijo que se multiplicaran, es decir, que fueran fecundos y según nos cuentan, se quedó tan pancho y muy satisfecho de su obra.
Y ahora amigos míos, ahora, y si habéis contado bien, estamos llegando al sábado, o sea, el sexto día.
Recapitulemos, por un lado tenemos la tierra, el mar, los astros, o sea las dichosa lámparas, el día, la noche, la vegetación, los peces y las aves, ¿Qué falta?...
…Pues si, los animales terrestres, claro, ya me diereis a mí de dónde salen si no, el león, el elefante y hasta las tiernas hormiguitas que junto con el mosquito nos joden la vida cuando salimos al campo con la tortilla. Pues él, los creó él, desde luego, ¿quién más?, ya puesto en faena.
Así que pobló la tierra de todos los animales que conocemos, los reptiles, el ganado, los salvajes, los que se arrastran, en fin todos, cualquiera que sea la especie que os imaginéis él la creó, y desde luego, los bendijo como a los otros y les dijo, que se multiplicaran y poblaran la tierra y así ha sido desde entonces.
Fue el sábado por la tarde cuando creó lo que le faltaba a la creación, pero eso ya es otra historia…

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sábado, 16 de febrero de 2008

La primera rebelión


Segunda entrega:

El follón fue de tal envergadura, que por fin, al Señor se le acabó su paciencia infinita, y tuvo que intervenir, aquello había pasado de castaño oscuro, así que decidió que había llegado la hora de ir hasta donde se encontraban aquellos chiflados que seguían arreándose de lo lindo.
Al llegar al lugar y ver la tremenda escabechina que allí se había formado, el enojo fue en aumento y de pronto, de la nube divina empezaron a salir unos rayos sobrecogedores.
¿Podría ser? y esto es de mi propia cosecha, ¿Qué semejante aparato eléctrico, hubiera sido el detonante para el tan traído y llevado “Big Bang”?, sólo son conjeturas mías, desde luego, no es mi intención meterme en Génesis ni demás zarandajas.
Sigamos, estábamos en que Dios se encontraba realmente encolerizado, los rayos salían de la nube por doquier, incidiendo sin distinción en todos los contendientes enzarzados en tremenda bronca, de algunos de los angelicales traseros se podía apreciar alguna nubecilla de humo que se alzaba primorosamente hacia el cielo, el olor a plumas chamuscadas era realmente horrible.
Dios estaba como una moto, nadie lo había visto de aquella manera en todo lo que llevaban de eternidad, que como su nombre indica, no tiene principio ni fin, luego, la cosa ya se hizo más frecuente, y claro, los ángeles se acostumbraron a ella, pero hasta ese momento, su bondad había sido infinita.
Por lo tanto, no se sabe, si debido al nauseabundo olor a plumas quemadas, al aparato eléctrico, o simplemente al hecho de ver a Dios con semejante cabreo, el caso es que pararon inmediatamente de arrearse lirazos o de pisotearse los unos a los otros, y todos ellos quedaron delante de la nube divina, con los ojos como platos y la boca abierta.
Dios, encima de pie encima de su nube les dijo con voz atronadora:
-Parece ser que a vosotros no se os puede dejar solos y que como si fuerais ángeles recién nacidos se os ha de vigilar siempre.
-Creo que esta vez, os habéis pasado tres pueblos-, y aunque por entonces no existían, parece ser que Dios ya andaba con la idea en la cabeza, al menos con esta frase nos da una pista muy clara de ello.
-Parece mentira,- siguió diciendo-, que seáis mi corte celestial, ir por la Gloria arreándoos mamporros a diestro y siniestro, mirad como os habéis puesto, sois muy pocos los que aún les quedan plumas en las alas, parecéis pájaros desplumados.
Ahí tenemos otra clara indicación de que algo barruntaba con respecto a crear este mundo donde estamos ubicados.
-No se que voy a hacer con vosotros, de verdad que no.
Los ángeles, que al principio lo miraban con seriedad, y con el miedo reflejado en sus caras, porque eso de ver a Dios cabreado debe imponer mucho, cuando dijo esas dos palabras de los pueblos y de los pájaros, empezaron a cuchichear entre ellos, pues no entendían de que estaba hablando, ¿qué cosas parecían sin plumas en las alas, se habían pasado tres qué?
Y como si Dios no estuviera de pie, y mucho menos de aquel pésimo humor, se empezaron a preguntar los unos a los otros si alguien sabía de qué estaba hablando el Señor.
Dios tuvo que darles un buen grito para que dejaran de hablar entre ellos y lo siguieran escuchando.
-¿Lo veis?, ¡Qué falta de respeto!, ni siquiera podéis estar callados mientras estoy hablando, creo que como no crezcáis un poco más nunca podré daros la responsabilidad que tengo pensada para vosotros, nunca, todos mis planes se van a ir al garete, no se, no se, bueno, a lo que íbamos.
Esta vez lo dijo claramente, tenía planes…
-Algo voy a tener que hacer, desde luego, esta locura no puede quedarse así.
El pobre, los miraba a todos con tristeza y suspiraba, mientras agitaba a un lado y al otro su cabeza.
De repente se sentó, en ese momento una exhalación de tranquilidad recorrió el lugar, y como que se sintieron más relajados, mientras tanto el Señor se rascaba la cabeza entretanto buscaba una solución a aquel desmadre.
El silencio se hizo eterno para aquellos pobres seres llevados por la locura y el despropósito, mientras esperaban la solución con los corazones encogidos, si es que los ángeles tienen, lo digo por la incorporeidad, no por otra cosa, que quede claro.
Finalmente Dios hizo un gesto con la mano, señal inequívoca de que iba a hablar, el silencio era total, y el Señor habló de esta manera:
-Tu Luzbel, tu que tanto has hablado de que todos somos iguales y que tienes los mismos poderes que yo, a ti, te doy la oportunidad de demostrarlo, no, no pienses que vas a salirte con la tuya y tendremos un referéndum o algo así, no, lo que voy a hacer es darte la oportunidad de que crees tu propio reino, por eso vas a ser expulsado para la eternidad de la Gloria.
-Allí donde te voy a mandar, podrás hacer lo que te de la gana y si crees que lo más indicado es crear una, como dices tu, democracia, entonces hazlo, convoca elecciones, eres libre de hacer lo que quieras, nunca más recibirás “ordenes” mías.
Dijo esto, haciendo la indicación de comillas con los dedos.
-Al resto de vosotros, y para que veáis que no hay rencores de ningún tipo, os doy a elegir, si, os daré la oportunidad de escoger entre Luzbel y yo, pero cuidado, la elección no tiene vuelta atrás, y si alguno de vosotros piensa que se ha equivocado, lo sentiré mucho, pero no habrá otra ocasión para hacerlo. Así que, pensad bien en que bando os queréis quedar, porque tenéis hasta mañana para tomar la decisión.
Otra vez se le había escapado algo, estaba hablando de tiempo, cuando es bien sabido que en la Gloria eso no existe, así que, definitivamente Dios ya tenía en la cabeza crear algo.
Lo que no sabemos es, si ya sabía exactamente que sería, pero basándonos en las historias que están en las Sagradas Escrituras, y teniendo en cuenta que, siempre está cambiando de opinión sobre lo que crea y más tarde destruye, pues será mejor esperar, para ver en que quedaron estas ideas “Genésicas”.
-Y ahora doy por terminada esta reunión, digamos, informativa-, siguió diciendo-, deseo que el grupo de ángeles se disuelva tranquilamente y que no hayan más altercados, y cuando digo que no hayan más altercados, me refiero a la eternidad, es decir, “for ever”-, volviendo a hacer el gesto con los dedos mientras decía estas palabras, y despareciendo, dio por terminada su amonestación.
Desde luego, los ángeles no tardaron en movilizarse, órdenes son órdenes, y en vista del humor que se gastaba, lo mejor era no contradecirlo, no fuera que la cosa se pusiera peor de lo que estaba.
Así que mientras iban abandonando el lugar comentaban el Divino fallo y cuales serían las decisiones que tomarían.
Los hubo, desde luego, fieles a Luzbel y que desde el primer momento estuvieron de acuerdo en abandonar el lugar con él.
Por descontado, los había que no tenían duda de que permanecer en la Gloria era la mejor decisión, pero un gran número de ellos, dudaban que facción escoger.
Por lo tanto, se hicieron grupos de indecisos en muchos lugares del cielo, y no faltaron desde luego, los que se esmeraron en convencerlos para que se decantaran por un partido u otro.
Nunca la Gloria ha estado tan dividida como lo estuvo en ese momento, los ángeles pueden tener sus más y sus menos, claro está, y discrepar en el modo de llevar a cabo algún salvamento, pero nunca sus diferencias fueron tan abismales como en ese momento.
Después de un tiempo prudencial, que para ellos bien podría ser el día siguiente, se volvieron a encontrar en el lugar de la reyerta.
Dios apareció en su nube divina, y todos los que allí se encontraban, permanecieron con los ojos fijos en Él y en el más absoluto de los silencios, en espera de que se manifestara, esta vez permaneció sentado y con voz serena y trascendente pronunció las siguientes palabras:
-Espero que el tiempo que os di haya sido más que suficiente, aunque se que las decisiones de este tipo son difíciles de tomar, todos deberíais saber quienes sois y que es lo que queréis en todo momento, por lo tanto, no voy a influir en vuestra determinación bajo ninguna circunstancia, sólo os pido una vez más que estéis seguros en el momento de tomarla, pues como os dije ayer, no hay marcha atrás, vuestra elección será respetada por mi y por cada uno de los presentes, sea la que sea, en ningún momento, y bajo ningún concepto, se os echará en cara vuestra preferencia, porque es la vuestra y será aceptada por todos y para toda la eternidad.
-Ese es mi deseo, esa es mi decisión, ese es mi mandato, aquí y ahora, por los siglos de los siglos.
Entonces llamó a Luzbel ante su presencia y le dijo que se colocara a un lado de la nube, y dirigiéndose al expectante grupo de ángeles les dijo así:
-Y ahora, lo único que me queda por decir, es que los que estén de acuerdo en seguir a nuestro querido Luzbel, deberán situarse a su lado, y los que estén decididos en seguir conmigo en la Gloria, que se coloquen al pie de mi nube.
Por un momento reinó el más absoluto de los silencios, nuestros amigos se miraban unos a otros con caras confundidas, pero la perplejidad duró poco, pues Adolfel dio el primer paso colocándose al lado de Luzbel, esto hizo que los demás reaccionaran y empezaran a moverse, unos hacia donde estaba el insurrecto y los otros bajo la protección de Dios.
Hubo varios casos de ángeles que ya se encontraban en las filas del revolucionario, y que según parece, en el último momento se lo pensaron mejor, modificando su decisión.
El Señor dejó pasar un tiempo prudencial y cuando vio que ninguno de ellos volvía alterar su situación, entonces habló de esta manera:
-Alea jacta est.
Que para los no familiarizados con el Latín, quiere decir, “La suerte está echada”, frase, que más tarde se apropiaría el gran emperador romano, Julio Cesar, y que como no viene a cuento cuando la dijo, pues tampoco hace falta contarlo.
-Los que os habéis quedado bajo mi protección, debéis de saber que sois nuevamente bienvenidos y que vuestra elección deberá, como ya he dicho antes, ser respetada por todos los demás.
-Y a los que se han incorporado a las filas de Luzbel, los despido con lágrimas en los ojos, sois mis hijos, y os quisiera a todos conmigo en todo momento, pero si ha llegado la hora en que debemos separarnos, que así sea. Os deseo la mejor de las suertes, pero aún así, recordad que siempre seréis mis hijos.
Aquello se convirtió en un melodrama, todos lloraban a moco tendido y se abrazaban mientras se despedían
-Y ahora, -empezó a decir de nuevo-, Yo, os mando a un lugar que he creado expresamente para vosotros, los abismos, lo que hagáis en él, es cosa vuestra ya que querías libertad de expresión y todo eso, allí la tendréis, Luzbel será vuestro, digamos, jefe, y si no os gusta, ya sabéis que siempre podéis hacer una elecciones y escoger a otro.
Y así fue como mandó a todos los sediciosos a la calle, si, si, así como lo oís, los mandó a la calle, bueno, calles no había, pero la metáfora sirve, le va al pelo en este momento.
-Antes de iros, debo hablar a solas contigo, -le dijo a Luzbel-, necesitamos aclarar algunos puntos.
Y diciendo esto, hizo subir a su nube a nuestro amigo y se pusieron a hablar en voz baja.
Dios y Luzbel estuvieron hablando durante mucho rato, parece ser que el Señor lo puso en antecedentes sobre la idea que le rondaba por la cabeza referente a la creación de todo lo que conocemos, allí fue donde decidieron como iba a quedar todo eso del reparto de almas y que todos vosotros sabéis como funciona.
En este momento surgió un problema logístico; pues como ya sabemos, los Ángeles son puros y castos, y por lo tanto brillan por la pureza de sus almas, estos también lo eran, caídos, pero ángeles al fin, por lo tanto, en algo debían distinguirse.
Así que, para diferenciarse los unos de los otros, Dios que es listísimo, les puso rabo, cuernos, y convirtió su piel en un rojo intenso, y desde luego, nada de alas, liras, túnicas, y mucho menos coronitas doradas , ni alta costura.
Una vez aclarados todos los puntos a tocar con Luzbel, Dios dio por terminada la reunión y les dijo a todos los presentes que se despidieran.
Los abrazos fueron efusivos, daba pena verlos llorar desconsoladamente, pues ninguno de ellos sabía que pronto volverían a verse y que además, por una jugarreta de los dos grandes, estos serían enemigos toda la eternidad.
Así que los que fueron hermanos, a partir de ese momento, pasaron a ser los más grandes enemigos y todo en bien del negocio. ¡Qué cosas, Dios, qué cosas!
Desde entonces Luzbel ha sido considerado como el ángel caído por excelencia, lo que nadie nos ha dicho y que yo me imagino, es que en el averno se debe sentir muy sólo, pues todos los ángeles que se fueron con él andan muy ocupados haciendo mil y una diabluras y de juerga en juerga, así que no deben tener tiempo de preocuparse de él, ya se sabe, el poder a veces te deja en la más grande de las soledades.
Este suceso no ha transcendido hasta nosotros con todos sus pormenores, pero yo lo describo así porque tengo mucha imaginación, y como se que en todos estos relatos hay mucha ficción, si de historias e imaginación se trata, yo también puedo poner mi granito de arena, ¿no?
Y aunque por mucho que nos hayan hecho creer en esta sedición, no me trago que Dios tuviera fallos tan tremendos en sus creaciones y que entre sus más fieles adeptos pudiera existir alguno que no fuera perfecto.
En fin, que después de este suceso quedaron instaurados para el beneplácito de muchos, “el bien y el mal”, y a los mortales que no hemos recibido ningún tipo de inspiración divina, lo único que nos queda por decir es…
¡Amén!

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